Mendoza, vinos y ocres

Mendoza

Tras unos días cargados de aventuras era el momento de afrontar una de aquellas tareas que suele ser ardua para el ciclo viajero. Nada más ni nada menos que la de adentrarse en una gran ciudad. La bicicleta, así como te da alas en los entornos más salvajes e inhóspitos, te proporciona ciertas limitaciones y te convierte en un ser vulnerable a la hora de afrontar núcleos urbanos grandes, También he de decir que para mi sorpresa no fue tan pesado como imaginaba.

Desde las rutas de ripio con hermosas vistas a la cordillera, la Ruta 40 al sur de Mendoza te ofrece paisajes cargados de amarillos y ocres, especialmente en su otoño templado en el día y fresco en las noches. El ‘microclima’ de la zona favorece el cultivo de viñas que le da a la región esa gran virtud de ser una espectacular tierra de vinos.

En mi camino rumbo a Mendoza decidí embarcarme por el circuito de carreteras secundarias y pueblos a la falda de la cordillera que hicieron que la ruta se convirtiera en un paseo con aires pintorescos muy similar en muchos aspectos a los vividos en mi infancia en el sur de Europa.

Paisajes como salidos de acuarelas, cargados de simbolismo. Aromas a madera y tierra mojada, temperaturas frescas que hacen que nunca quieras bajar de la bicicleta y por suerte, ni una gota de lluvia, lo que me permitió el poder perderme entre viñedos y bodegas hasta la saciedad.

En toda la Argentina son muy típicas las ‘rotiserias’, que vienen a ser una mezcla entre tiendas de pequeños comestibles y negocios de comidas para llevar dónde habitualmente es posible encontrar desde café o ricas empanadas hasta papel higiénico o jabón de tocador.

Cristo Rey Tupungato

En mi camino desde la presa de ‘Aguas del Toro’ hasta Mendoza, justo saliendo de Tupungato por la RP 86 me encontré allá en lo alto un Cristo Rey coronando un cerro. En la carretera una indicación que decia ‘Via Crucis’.

No me considero una persona religiosa, aunque me gusta respetar todas las opciones y opiniones. En realidad, no voy a mentir, vi ese camino de ripio y algo dentro de mí me dijo… – ‘Martín, tienes que subir allí arriba’. Sencillamente no lo pude resistir 😉

Un regalo panorámico para los sentidos, además de esa agradable sensación de soledad, increible.

Tras más de 20 kilómetros entrando en el núcleo urbano, llegué al centro de Mendoza y lo curioso es que fue más de una la persona que me paró para advertirme que tuviera cuidado al ir en bicicleta por la ciudad, ya que últimamente se estaban dando bastantes casos de asalto a ciclistas por tal de robarles la bici para venderlas posteriormente. Una verdadera lástima y es inevitable el tener cierta aprensión, aunque son cosas con las que uno ha de aprender convivir.

Barrios de los auténticos, cargados de personalidad, de aquellos con carácter. Esquinas que podrian pertenecer perfectamente a ciudades como Barcelona, Valencia o Madrid. Escenas familiares que en cierta manera me hacen sentir como en casa, sólo que decoradas con otros objetos, vehiculos y diferente acento lingüístico.

Niños jugando en el centro de Mendoza

En varias conversaciones con gente local me comentaban el gran trabajo a nivel botánico y de abastecimiento de agua que se dió en toda la región por tal de llegar a crear las poblaciones presentes, Y si uno se para a pensar y observa la geografía de las zonas urbanas se da cuenta que saliendo de ellas no hay demasiado más que árido desierto y paisajes de secano.

Otro de los grandes atractivos de Mendoza es la vida en la calle, así como la existencia del Mercado Central, dónde uno puede volverse loco en las paradas de fruta y verdura, especias y frutos secos, sobretodo teniendo en cuenta que uno viene viajando desde la Patagonia más austera en cuanto a suministros.

Eso si, si tienes la idea de continuar la ruta en dirección Chile, más vale que selecciones lo que compras, ya que en la Aduana Chilena te confiscarán cualquier tipo de producto fresco o no envasado o etiquetado. Asegúrate de consumir todas tus frutas, verduras, fiambres, quesos, miel y frutos secos antes de cruzar la cordillera hacia el país vecino.

Parada de frutos secos y encurtidos en el Mercado Central

Sería casi sacrilegio el hablar de Mendoza y pasar por alto su vino y su gastronomía. Como no podia ser de otra manera tuve que hacer el esfuerzo de degustar algunos de los cortes de carne de la región y, por supuesto, regarlos con algunos de sus magníficos vinos. Esa copa de Malbec me robó el corazón!

Cañón de Atuel

En mi paso por la región y como ya mencioné en mi anterior post uno tiene la sensación de dejarse en el tintero mil propuestas alternativas en cuanto a lugares por visitar y actividades interesantes a realizar. En éste sentido quería aprovechar para agradecer a Keyla de San Rafael Group por la hospitalidad y el brindarme la oportunidad de conocer de primera mano localizaciones tan tremendas de la zona como el Valle Grande, el cañón de Atuel o el Nihuil. Todas más que recomendables

Embalse Valle Grande, San Rafael

El Nihuil
Las Dunas del Nihuil
Mendoza ciudad

Tras unos días viviendo Mendoza en primera persona es hora de partir. El invierno pasa a estar cada día más presente, las jornadas se acortan y la ruta a seguir me depara duros días de pedaleo. Me propongo el cruzar a Chile por el paso de los Libertadores, a las puertas de la Aconcagua, la cima más alta en América del sur.

Potrerillos
Puente colgante en Cacheuta

Nuevas aventuras, nuevos lugares y situaciones con las que lidiar. El día a día a bordo de Olivia.

Mil grácias Argentina por el calor recibido, por tu gente y tus mates. Nos vemos a la vuelta!

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