Silencio, crestas blancas y sudor frío

cordillera andina

Tras los últimos días en Combi recorriendo infinitas carreteras de asfalto y un par de jornadas en el hermoso San Rafael estaba claro… El cuerpo me pedía aventura de la buena, una de aquellas épicas. Bien, ésta es la pequeña crónica de mi ruta en busca de la Cordillera Andina.

Una de mis partes favoritas en cualquier tipo de viaje es la de conocer, compartir e intercambiar ideas con la gente local. Creo que es un ejercicio genial que te ayuda a entender la cultura, a estar un paso más cerca, a involucrarte. Con ello, una de las preguntas más comunes que me hacen suele ser: ¿de dónde vienes y… hacia dónde te diriges? Preguntas a las que uno responde con cierta soltura tras meses oyéndolas. También es habitual que aquel que tienes en frente empiece a recomendarte su ranking de lugares favoritos en la región. Siempre se me queda una cara entre ilusión y tristeza al saber que va a ser imposible el visitarlos todos… uno podría pedalear años en Argentina y aún dejarse zonas por explorar…

los Reyunos

No se si sería coincidencia o que, pero fueron varias las personas que me hablaron del embalse de los Reyunos, el cerro Diamante, y de la presa de Aguas del Toro. Todas localizaciones camino a la cordillera, que justo un par de días antes había ubicado sobre un mapa.

Junto con las recomendaciones también me habían comentado que se trataba de una ruta dura e iba a encontrar un camino muy malo de ripio, desolado y probablemente cubierto de nieve como algo a tener en cuenta… Yo no se vosotros, pero para mi esas palabras me suenan a música celestial… Volcanes, lagos, cordillera, ripio y aventura, que más se puede pedir? La decisión estaba bien clara.

deliciosas tortas fritas para la fiesta del 25 de mayo

Jornadas bañadas de sol y cielos despejados, combinadas con noches cada vez más gélidas que te recuerdan que la cordillera andina está cada vez más cerca. Parajes casi desérticos, donde la nieve se va haciendo presente poco a poco. De repente y tras unos 50 kilómetros de subida progresiva adviertes que pasas al otro lado de la montaña y ésta te regala una impresionante vista sobre el Volcán Cerro Diamante, siendo observado por una cadena montañosa impenetrable. Del otro lado Chile.

volcán cerro Diamante

Los últimos kilómetros hasta alcanzar Aguas del Toro fueron duros, el camino empeoraba. Los terrenos iban siendo cada vez más arenosos y venían acompañados de nieve e inmensos charcos de agua. Sabía que esa noche iba a ser especialmente fría. Ya habia pensado en posibles alternativas para pasar la noche: Un barrio abandonado, que fué construido para alojar a los trabajadores en el proceso de construcción de la presa, un pequeño club de pesca dónde vive Rocco, un señor mayor que está a cargo de él y vive en una modesta casa junto al embalse y, como última opción, aprovechar alguna de las cubiertas de las instalaciones de la presa.

En el barrio, las opciones no eran buenas… suelos encharcados y mucha humedad, Rocco no estaba y el señor que apareció al presentarme en el club náutico me ofrecía acampar al raso, opción que siempre podría tomar por mi cuenta.

barrio abandonado en Aguas del Toro

Finalmente decidí acercarme a las instalaciones de la presa y vi que había alguien. Al explicar mi situación y preguntarles si podría cobijarme bajo alguna de las pérgolas de las instalaciones, me invitaron a pasar la noche dentro del edificio. Allí no sólo pude dormir bajo techo, sino que me ofrecieron una ducha caliente, el poder cocinar y un humeante café por la mañana antes de partir. Tuve el placer de conocer los tres turnos. Alan, Martín, Cláudio y Mario me trataron de lujo y compartimos interesantes charlas.

Presa Aguas del Toro

Nunca dejará de impresionarme la cantidad de gente increíble, que desinteresadamente te abre sus puertas para ayudarte en lo que sea, especialmente viniendo desde un entorno tan occidentalizado, donde tenemos la tendencia natural a asumir que todo lo que provenga de más allá de nuestro radio familiar y cercano es o puede ser malo, negativo.

Tras un tremendo amanecer el embalse era hora de continuar atravesando paisajes nevados hasta dar con la que sería la nueva Ruta 40, aún en construcción, que me llevaría paralelamente a la cordillera en dirección norte, rumbo Mendoza.

Silencio, crestas blancas y sudor frío… casi 80 kilómetros de nueva ruta para disfrutar en soledad. Si, uno de esos días que uno se regala a uno mismo…

silencio al pie de la cordillera andina

Hacia tierras de Sol y vino, de amarillos valles y carácter.

Mendoza, allá vamos.

nueva Ruta 40

3 comentarios sobre “Silencio, crestas blancas y sudor frío

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