Hacia la Ruta de las Estrellas

No se si es un tema de costumbres o quizás el paso del tiempo, pero tras pasar unos días en cualquier gran ciudad ya me empieza a picar todo… Tengo la sensación de que todo me desborda y siento la necesidad de volver a escapar a lugares de menor densidad, dónde instantáneamente soy capaz de fluir mejor y, sobretodo, tengo la cercanía de la naturaleza.

Si a todas esas sensaciones soy capaz de adjuntarles la presencia del mar, entonces ocurre algo de lo más especial: llegué una vez más a ‘casa’, uno de aquellos hogares transitorios dónde las preguntas sobran y te sientes bien, muy bien.

Preparados para hacer noche en el cuartel de bomberos
Puestos de venta ambulante habituales en la región

Tras los días en Santiago, por cierto ya hace unas semanas de eso, se dieron mil aventuras, como siempre llenas de sorpresas e imprevistos. Personas que se cruzan en tu andadura, lugares increíbles e imágenes para nunca olvidar. Las noches pernoctando en cuarteles del Cuerpo de Bomberos de Chile pasaron a ser prácticamente algo habitual y muy recurrente, especialmente en los pueblos grandes…

Los Vilos

Desde la capital chilena tuve el placer de compartir parte de la ruta con Britta, una alemana amante de la escalada que andaba viajando por Sudamérica durante su año sabático. El buen humor y los días de aventura se sucedieron sin igual.

Parada técnica en la costa para cargar pilas en Los Vilos, pueblo de tradición pesquera, ricas empanadas de marisco y atardeceres de infarto, lo que comentaba antes… casa.

Colonias de aves marinas poblando el litoral chileno
Pelícano

Desde la costa decidimos continuar la ruta hacia el interior, punto desde el cual uno empieza a observar notables cambios en el paisaje. Parajes cada vez más y más áridos, los árboles se transforman en cactus y las temperaturas diurnas aumentan de manera exponencial. El desierto te saluda y se hace hueco curva tras curva.

La aridez del paisaje se hace cada vez más presente

Desde los Vilos seguimos por la carretera 47 hacia Illapel. Una vez pasando por la Reserva Nacional Las Chinchillas tomamos el desvío por la D-895 hasta desembocar en la población de Combarbala.

Britta y uno de sus nuevos amigos 😉

Atardeceres espectaculares y pistas de gravel se convirtieron en la dinámica de nuestro día a día. Para que decir que aquellas jornadas fueron pura diversión y aventura. Por si fuera poco tuvimos la posibilidad de vivir el eclipse solar subiendo a uno de los cerros, imagina el vivir dos amaneceres y dos atardeceres el mismo día!

Desde Combarbala nos embarcamos por la D-605 hacia Punitaqui hasta desembocar en la población de Ovalle, donde tras reponer fuerzas tomamos rumbo hacia Andacollo por la D-595 atravesando el embalse Recoleta.

Cerro tras cerro, calurosos días y frescas noches. Paisajes prácticamente lunares, anticipando el aspecto del Norte Chileno.

Sin duda uno de los highlights del tramo fué el paso por la ‘Ruta de las Estrellas’, el llamado circuito Antakari, uniendo la comuna del rio Hurtado con el Valle del Elqui.

Pistas de tierras rojizas, excavaciones mineras y alguna que otra estancia dedicada a la cría de ganado. La paleta de colores montaña tras montaña no te deja soltar la cámara por mucho tiempo y aquí si… si lo tuyo es el gravel, ya tienes una asignatura pendiente por estas tierras.

Explotaciones mineras en la Ruta de las Estrellas

Tras días de aventura en las montañas damos con la Autopista hacia La Serena, en el valle del Elqui. Tráfico, coches, bocinas y luces de nuevo. Vuelta a la civilización, aunque ésta vez con un regusto dulce, cuando se que me voy a reunir con mi gran aliado, mi mejor terapia, el mar.

La Serena

Santiago de Chile

Buenos dias Santiago!

Y tras cinco meses y medio finalmente Olivia y yo llegamos de la mano a Santiago de Chile. He de decir que en realidad nunca estuvo entre mis planes el adentrarme en la capital pedaleando. Siempre me habia dado bastante respeto, supongo que con el tiempo y los kilómetros uno se va curtiendo hasta dejarse de histórias.

Gran Torre Santiago

La ciudad en sí me pareció enorme, y de grandes contrastes. Mientras las torres rascacielos saludan a la cordillera nevada, las coloridas fachadas de las antiguas barriadas ven pasear a miles de transeúntes a diario.

Dia a dia más cosmopolita, modernizada pero bañada de esa pátina añeja que aún se refleja en cada esquina. De carácter alegre y competitivo, la vida transcurre en la calle.

La habitual bruma en la capital Chilena

Muchas de las facetas de Santiago y de Chile en general me recuerdan a la Barcelona de mi infancia, la de barrio, pero con detalles imposibles de pasar por alto y que me resultan simpáticos de volver a vivir. Pues en ocasiones que he enviado fotos a mi familia el comentario de mi madre ha sido tal que: “Mira que curioso!, como aquí hace 50 años!” Por supuesto desde una lectura positiva.

Y es que nada más darse un paseo se hace evidente que la gran mayoría de rincones de la Capital, aún sin pasar por los tan estrictos estándares del norte de Europa, funcionan perfectamente. La hermosura de las grietas en los muros, las calles remendadas y las viviendas readaptadas a las nuevas necesidades. La belleza de nuestro mundo, el imperfecto.

Santiago, ciudad de contrastes

Las nuevas infraestructuras se abren paso entre las viejas barriadas y la topografía perenne generando escenas como salidas de películas. Momentos en los cuales uno piensa en lo que le estamos haciendo a nuestro hábitat. Nos estamos comiendo el mundo, literalmente. Hubiera pagado por poder cruzar las mismas avenidas 60 años atras, evidentemente cámara en mano…

Observados por la cordillera nevada, al fondo

El instinto creativo se respira por allí por donde uno se arrima. Murales, graffitis, música y mil ejemplos más de cultura viva. El barrio de Yungay es, sin duda, un claro ejemplo de ello.

Museo del Sonido

Uno de los Highlights de mis días en la ciudad fue el pedalear hasta la base del teleférico del cerro San Cristóbal. Panorámicas por todos lados te hacen percibir la basta superficie edificada, así como una perspectiva de la cordillera como para volverse loco.

Panorámicas desde el cerro San Cristóbal

Cerro San Cristóbal, los Andes al fondo

Plaza de Armas

Como nota simpática me gustaría añadir el que tuve la posibilidad de participar en una pequeña charla/encuentro sobre mi experiencia en el viaje. Un auténtico placer el poder divulgar y aún más el poder aprender de más gente con tus mismas inquietudes.

Olivia en su revisión médica 😉

Mil grácias a todos los asistentes, a los chicos de @unavelocidad, @gravelchile y en especial a Philippe de @alicanto_bikepacking, que no sólo se ocupó de organizar el evento, sino que además hizo un trabajo increíble en la confección de dos nuevos bolsos para Olivia en tan sólo 3 días.

Grácias Santiago por todo lo vivido, es hora de partir nuevamente, rumbo norte para variar… Rumbo al mar.

29 curvas congeladas

Paso Libertadores

Tras los días en Mendoza, de clima agradecido, rodeado de buenos vinos y paisajes otoñales era hora de hacer frente a una etapa que llevaba bastante tiempo en mi cabeza. El cruce de la cordillera andina por el paso de los Libertadores. Ésta es la pequeña historia de cómo un cicloviajero mediterráneo cruza Los Andes en plena ola de frío polar.

La salida de Mendoza me pareció impresionante, uno va encarando las gigantescas cadenas montañosas y va observando kilómetro tras Kilómetro los cambios en el paisaje. Verdes, rojos, anaranjados y amarillos se van fundiendo al paso.

cerro 7 colores, Uspallata

El primer alto en el camino fue en el pueblo de Uspallata, dónde debido a las condiciones meteorológicas tuve que hacer un pequeño alto en el camino. El paso hacia Chile por la cordillera estaba cerrado por fuertes nevadas, así que aproveché para visitar el cerro de los 7 colores. Una ruta preciosa de aquellas que te ponen los pelos de punta si te gusta el gravel.

El frío se hacia cada vez más patente y a esa altura, que tampoco es que fuera nada del otro mundo, los botellines de agua ya amanecían semicongelados con Olivia durmiendo al raso. Recuerdo el bajar del cerro con los ojos llorosos y los mofletes adormilados…

Olivia & friends

Tras un par de dias de espera, llegó la tan esperada noticia. El paso hacia el país vecino se había abierto de nuevo. Once de la mañana y 4 grados bajo cero. En casos así prefiero no guiarme por los números, sino por sensaciones, aunque siempre hay ese factor psicológico que te persigue y te hace no dejar de darle vueltas. Para mi, la mayor duda era si tendría suficiente ropa de abrigo y el salir en estas condiciones sin saber exactamente dónde podría parar a pasar la noche ya que, evidentemente uno va preparado con cierto equipo, pero hasta ciertos límites.

antiguas rutas ferroviarias

A lo largo del paso te acompañan los vestigios de lo que fueron antiguas rutas del transporte minero por mediación de tren. Me parece increíble el imaginar cómo tenia que ser entonces, cuando ahora, aún contando con el transporte rodado y mejores tecnologías no resulta fácil en muchas ocasiones. En cualquier caso, el decorado ferroviario hace que la ruta sea aún más épica.

el frente frío polar se hace presente

El final de las jornadas de pedaleo siempre confluían en manos y pies entumecidos y la cara medio dormida, y es que justo se avecinaba un frente de frío polar que los mismos locales comentaban como prematuro para la temporada. Mi idea inicial en este punto era la de poder montar la tienda de campaña (carpa) en algún rincón de la ruta pero las duras condiciones de frío me hicieron replantear la situación rápidamente.

Puente del Inca

Llegando a Puente del Inca encontré un hostel donde poder pasar la noche. Estaba ubicado en la antigua oficina de correos del pueblo. En el hostel ‘El Refugio’ me recibieron con un café humeante y su correspondiente torta frita y me hicieron sentir como en casa. También tuve la oportunidad de conocer a un grupo de estudiantes de montañismo de Buenos Aires con quienes compartí buenos mates e historias diversas.

ventanas congeladas al amanecer

A la mañana siguiente el termómetro marcaba -19 Cº a las 9:00 am. La própia condensación se había congelado en las ventanas del dormitorio y, por supuesto, tuve que derretir con agua caliente el resto olvidado de agua en los bidones de Olivia.

La parte positiva era que amanecía un día soleado, así que era el momento de darle zapatilla y avanzar antes de la puesta.

Carreteras escarchadas y de pavimento deteriorado rumbo a la frontera no sin antes pasar por el Parque Provincial Aconcagua, dónde se encuentra la cima más alta de América con 6.962 m.

vistas sobre el Parque Provincial de la Aconcagua

Ya van bastantes kilómetros pedaleando bajo las inclemencias del tiempo y siempre he salido del paso en cuanto a equipación y ropa. Aunque he de decir que en este tramo eché en falta un calzado y unos guantes de más abrigo. Creo que sólo a mi se me ocurre el lanzarme a esta ruta con Sneakers y guantes largos de verano, y ahí va el tip… ni se os ocurra…

tras cruzar el paso fronterizo

Pasando la cumbre y tras el típico registro de frutas y verduras en la aduana entramos a Chile y se viene esa espectacular imagen que tantos días llevaba esperando. La bajada de la cuesta Caracoles. Sólo basta con ver un par de imágenes para descubrir de dónde le viene el nombre.

cuesta Caracoles

29 curvas a modo de serpentín de carretera congelada y oculta en la sombra te quitan el aliento en la primera de ellas. Tan sólo el asomarme me quitó el frío de golpe. Ni siquiera recuerdo las veces que paré para contemplar la estampa.

Tras el mágico descenso y entrar de nuevo en zonas térmicas más habituales quedaban un par de etapas bastante llevaderas, aunque desde la población de Los Andes las opciones para llegar a Santiago no es que sean demasiado diversas fuera de las dos principales autopistas. Hecho que se repetirá en las rutas dirección norte.

cerro Chacabuco

Santiago de Chile

Increíble el pensar que después de 5 meses y 4000 kilómetros desde mi partida en Ushuaia llegaría pedaleando a una gran ciudad como Santiago de Chile. Mil aventuras vividas y esperemos que más de mil que quedan aún por vivir.

Es hora de recomponerse y descubrir la capital Chilena. Un montón de nuevos proyectos abordan mi cabeza, a ver que tal se dan… Próximamente Olivia y yo pondremos rumbo norte, hacia dónde las velas apunten, hacia donde el viento nos lleve.

Mendoza, vinos y ocres

Mendoza

Tras unos días cargados de aventuras era el momento de afrontar una de aquellas tareas que suele ser ardua para el ciclo viajero. Nada más ni nada menos que la de adentrarse en una gran ciudad. La bicicleta, así como te da alas en los entornos más salvajes e inhóspitos, te proporciona ciertas limitaciones y te convierte en un ser vulnerable a la hora de afrontar núcleos urbanos grandes, También he de decir que para mi sorpresa no fue tan pesado como imaginaba.

Desde las rutas de ripio con hermosas vistas a la cordillera, la Ruta 40 al sur de Mendoza te ofrece paisajes cargados de amarillos y ocres, especialmente en su otoño templado en el día y fresco en las noches. El ‘microclima’ de la zona favorece el cultivo de viñas que le da a la región esa gran virtud de ser una espectacular tierra de vinos.

En mi camino rumbo a Mendoza decidí embarcarme por el circuito de carreteras secundarias y pueblos a la falda de la cordillera que hicieron que la ruta se convirtiera en un paseo con aires pintorescos muy similar en muchos aspectos a los vividos en mi infancia en el sur de Europa.

Paisajes como salidos de acuarelas, cargados de simbolismo. Aromas a madera y tierra mojada, temperaturas frescas que hacen que nunca quieras bajar de la bicicleta y por suerte, ni una gota de lluvia, lo que me permitió el poder perderme entre viñedos y bodegas hasta la saciedad.

En toda la Argentina son muy típicas las ‘rotiserias’, que vienen a ser una mezcla entre tiendas de pequeños comestibles y negocios de comidas para llevar dónde habitualmente es posible encontrar desde café o ricas empanadas hasta papel higiénico o jabón de tocador.

Cristo Rey Tupungato

En mi camino desde la presa de ‘Aguas del Toro’ hasta Mendoza, justo saliendo de Tupungato por la RP 86 me encontré allá en lo alto un Cristo Rey coronando un cerro. En la carretera una indicación que decia ‘Via Crucis’.

No me considero una persona religiosa, aunque me gusta respetar todas las opciones y opiniones. En realidad, no voy a mentir, vi ese camino de ripio y algo dentro de mí me dijo… – ‘Martín, tienes que subir allí arriba’. Sencillamente no lo pude resistir 😉

Un regalo panorámico para los sentidos, además de esa agradable sensación de soledad, increible.

Tras más de 20 kilómetros entrando en el núcleo urbano, llegué al centro de Mendoza y lo curioso es que fue más de una la persona que me paró para advertirme que tuviera cuidado al ir en bicicleta por la ciudad, ya que últimamente se estaban dando bastantes casos de asalto a ciclistas por tal de robarles la bici para venderlas posteriormente. Una verdadera lástima y es inevitable el tener cierta aprensión, aunque son cosas con las que uno ha de aprender convivir.

Barrios de los auténticos, cargados de personalidad, de aquellos con carácter. Esquinas que podrian pertenecer perfectamente a ciudades como Barcelona, Valencia o Madrid. Escenas familiares que en cierta manera me hacen sentir como en casa, sólo que decoradas con otros objetos, vehiculos y diferente acento lingüístico.

Niños jugando en el centro de Mendoza

En varias conversaciones con gente local me comentaban el gran trabajo a nivel botánico y de abastecimiento de agua que se dió en toda la región por tal de llegar a crear las poblaciones presentes, Y si uno se para a pensar y observa la geografía de las zonas urbanas se da cuenta que saliendo de ellas no hay demasiado más que árido desierto y paisajes de secano.

Otro de los grandes atractivos de Mendoza es la vida en la calle, así como la existencia del Mercado Central, dónde uno puede volverse loco en las paradas de fruta y verdura, especias y frutos secos, sobretodo teniendo en cuenta que uno viene viajando desde la Patagonia más austera en cuanto a suministros.

Eso si, si tienes la idea de continuar la ruta en dirección Chile, más vale que selecciones lo que compras, ya que en la Aduana Chilena te confiscarán cualquier tipo de producto fresco o no envasado o etiquetado. Asegúrate de consumir todas tus frutas, verduras, fiambres, quesos, miel y frutos secos antes de cruzar la cordillera hacia el país vecino.

Parada de frutos secos y encurtidos en el Mercado Central

Sería casi sacrilegio el hablar de Mendoza y pasar por alto su vino y su gastronomía. Como no podia ser de otra manera tuve que hacer el esfuerzo de degustar algunos de los cortes de carne de la región y, por supuesto, regarlos con algunos de sus magníficos vinos. Esa copa de Malbec me robó el corazón!

Cañón de Atuel

En mi paso por la región y como ya mencioné en mi anterior post uno tiene la sensación de dejarse en el tintero mil propuestas alternativas en cuanto a lugares por visitar y actividades interesantes a realizar. En éste sentido quería aprovechar para agradecer a Keyla de San Rafael Group por la hospitalidad y el brindarme la oportunidad de conocer de primera mano localizaciones tan tremendas de la zona como el Valle Grande, el cañón de Atuel o el Nihuil. Todas más que recomendables

Embalse Valle Grande, San Rafael

El Nihuil
Las Dunas del Nihuil
Mendoza ciudad

Tras unos días viviendo Mendoza en primera persona es hora de partir. El invierno pasa a estar cada día más presente, las jornadas se acortan y la ruta a seguir me depara duros días de pedaleo. Me propongo el cruzar a Chile por el paso de los Libertadores, a las puertas de la Aconcagua, la cima más alta en América del sur.

Potrerillos
Puente colgante en Cacheuta

Nuevas aventuras, nuevos lugares y situaciones con las que lidiar. El día a día a bordo de Olivia.

Mil grácias Argentina por el calor recibido, por tu gente y tus mates. Nos vemos a la vuelta!

Silencio, crestas blancas y sudor frío

cordillera andina

Tras los últimos días en Combi recorriendo infinitas carreteras de asfalto y un par de jornadas en el hermoso San Rafael estaba claro… El cuerpo me pedía aventura de la buena, una de aquellas épicas. Bien, ésta es la pequeña crónica de mi ruta en busca de la Cordillera Andina.

Una de mis partes favoritas en cualquier tipo de viaje es la de conocer, compartir e intercambiar ideas con la gente local. Creo que es un ejercicio genial que te ayuda a entender la cultura, a estar un paso más cerca, a involucrarte. Con ello, una de las preguntas más comunes que me hacen suele ser: ¿de dónde vienes y… hacia dónde te diriges? Preguntas a las que uno responde con cierta soltura tras meses oyéndolas. También es habitual que aquel que tienes en frente empiece a recomendarte su ranking de lugares favoritos en la región. Siempre se me queda una cara entre ilusión y tristeza al saber que va a ser imposible el visitarlos todos… uno podría pedalear años en Argentina y aún dejarse zonas por explorar…

los Reyunos

No se si sería coincidencia o que, pero fueron varias las personas que me hablaron del embalse de los Reyunos, el cerro Diamante, y de la presa de Aguas del Toro. Todas localizaciones camino a la cordillera, que justo un par de días antes había ubicado sobre un mapa.

Junto con las recomendaciones también me habían comentado que se trataba de una ruta dura e iba a encontrar un camino muy malo de ripio, desolado y probablemente cubierto de nieve como algo a tener en cuenta… Yo no se vosotros, pero para mi esas palabras me suenan a música celestial… Volcanes, lagos, cordillera, ripio y aventura, que más se puede pedir? La decisión estaba bien clara.

deliciosas tortas fritas para la fiesta del 25 de mayo

Jornadas bañadas de sol y cielos despejados, combinadas con noches cada vez más gélidas que te recuerdan que la cordillera andina está cada vez más cerca. Parajes casi desérticos, donde la nieve se va haciendo presente poco a poco. De repente y tras unos 50 kilómetros de subida progresiva adviertes que pasas al otro lado de la montaña y ésta te regala una impresionante vista sobre el Volcán Cerro Diamante, siendo observado por una cadena montañosa impenetrable. Del otro lado Chile.

volcán cerro Diamante

Los últimos kilómetros hasta alcanzar Aguas del Toro fueron duros, el camino empeoraba. Los terrenos iban siendo cada vez más arenosos y venían acompañados de nieve e inmensos charcos de agua. Sabía que esa noche iba a ser especialmente fría. Ya habia pensado en posibles alternativas para pasar la noche: Un barrio abandonado, que fué construido para alojar a los trabajadores en el proceso de construcción de la presa, un pequeño club de pesca dónde vive Rocco, un señor mayor que está a cargo de él y vive en una modesta casa junto al embalse y, como última opción, aprovechar alguna de las cubiertas de las instalaciones de la presa.

En el barrio, las opciones no eran buenas… suelos encharcados y mucha humedad, Rocco no estaba y el señor que apareció al presentarme en el club náutico me ofrecía acampar al raso, opción que siempre podría tomar por mi cuenta.

barrio abandonado en Aguas del Toro

Finalmente decidí acercarme a las instalaciones de la presa y vi que había alguien. Al explicar mi situación y preguntarles si podría cobijarme bajo alguna de las pérgolas de las instalaciones, me invitaron a pasar la noche dentro del edificio. Allí no sólo pude dormir bajo techo, sino que me ofrecieron una ducha caliente, el poder cocinar y un humeante café por la mañana antes de partir. Tuve el placer de conocer los tres turnos. Alan, Martín, Cláudio y Mario me trataron de lujo y compartimos interesantes charlas.

Presa Aguas del Toro

Nunca dejará de impresionarme la cantidad de gente increíble, que desinteresadamente te abre sus puertas para ayudarte en lo que sea, especialmente viniendo desde un entorno tan occidentalizado, donde tenemos la tendencia natural a asumir que todo lo que provenga de más allá de nuestro radio familiar y cercano es o puede ser malo, negativo.

Tras un tremendo amanecer el embalse era hora de continuar atravesando paisajes nevados hasta dar con la que sería la nueva Ruta 40, aún en construcción, que me llevaría paralelamente a la cordillera en dirección norte, rumbo Mendoza.

Silencio, crestas blancas y sudor frío… casi 80 kilómetros de nueva ruta para disfrutar en soledad. Si, uno de esos días que uno se regala a uno mismo…

silencio al pie de la cordillera andina

Hacia tierras de Sol y vino, de amarillos valles y carácter.

Mendoza, allá vamos.

nueva Ruta 40

Historias de Combi

Ésta es una pequeña historia de aquellas que el azar pone en tu camino, donde te toca decidir y tomas la decisión acertada.

Tras unos días en San Martín de los Andes era hora de avanzar, de continuar el camino. El parte meteorológico anunciaba frío y nieve, la ruta a seguir no brillaba precisamente por sus suministros y además, para colmo, justo el día antes de partir llega a mis oídos que una pareja de viajeros buscan a un pasajero para compartir la ruta hasta Mendoza en su van, una Combi!

Canisia y Flo son dos jóvenes suizos,de Neuchatel, que llevan meses viajando por Centroamérica y América latina y hace tres meses decidieron comprar una Combi Volkswagen T2 en Chile para continuar su andadura en los últimos meses de su viaje.

Desde el inicio de mi viaje he visto y me he cruzado con infinidad de gente viajando en van, pero siempre que veo una Combi VW T2 me pregunto: ¿Cómo debe ser ir en una de esas? Por supuesto con la sonrisa activada 😉

Con estas cartas sobre la mesa, era bastante evidente, no podía dejar escapar la oportunidad, sólo quedaba encontrar la manera de hacerle un lugar a mi fiel Olivia.

Tras compartir un vino y charlar acerca de los detalles con los chicos el plan estaba congeniado, aunque yo no iría hasta Mendoza, sinó bajaría antes, en San Rafael, para continuar pedaleando desde allí.

Como era de esperar, los pronósticos se cumplieron… así que subiendo por la carretera del paso en dirección a Zapala ya empezaba a nevar y a bajar la temperatura.

Precisamente a eso me refería en las lineas anteriores con lo de ‘decisión acertada’. La verdad, no sé cómo me las hubiera visto en bici, hubiera sido duro, muy duro…

Una vez cruzamos Zapala, continuamos la ruta por Neuquén, Santa Isabel y General Alvear hasta llegar a San Rafael, dónde iba a ser mi final del recorrido. Fueron 3 dias emocionantes, viviendo a 85 km/h de máxima, turnándonos entre Flo y yo para conducir, ya que Canisia carecía de la licencia.

De vez en cuando, me parece interesante el cambiar de medio de transporte, aunque sólo sea por unos días, e incluso horas. Te obliga a cambiar de ritmo, de dinámica, a introducir nuevas vivéncias y nueva gente en tu día a día.

Inolvidables momentos y una experiéncia soñada más a la saca, porque de eso va la vida, de vivir momento a momento y aprovechar esos trenes, o en este caso Combis, que sin motivo alguno se te presentan en el momento indicado.

Bicicletas, furgonetas, trenes, barcos o mochilas, al final serán sólamente los medios que te permitirán abrir las puertas de la mejor escuela: el viaje.

La ruta de los 7 lagos, Argentina

Y arrancamos con la primera entrada del Blog! Que ganas! Tras justo cuatro meses pedaleando rumbo norte desde Ushuaia, Tierra del Fuego, recientemente he recorrido la ruta de los 7 lagos, entre Bariloche y San Martín de los Andes, en Argentina. Sin duda alguna, la oportunidad perfecta para empezar a compartir con todos vosotros la belleza de uno de los escenarios más pintorescos de mi viaje hasta ahora.

Olivia en Bariloche

El camino de los 7 lagos en dirección norte empieza en Villa la Angostura y desemboca en San Martin de los Andes, provincia de Neuquén, aunque la ruta desde Bariloche ya empieza a despertar el apetito escénico…. Se trata de un tramo de la famosa Ruta 40 y debe su nombre a los 7 lagos que uno se encuentra durante el recorrido: Espejo, Correntoso, Escondido, Villarino, Falkner, Machónico y Lácar. Además, por si fuera poco, en la ruta se atraviesan 2 parques nacionales: el Lanin y el Nahuel Huapi

Cerro Campanario, Bariloche
Lago Espejo

El tramo a cubrir són unos 110 Km, y a mí me fué imposible no parar en prácticamente cada esquina, donde el paisaje te va recompensando con vistas cada vez más espectaculares. Si os gusta la fotografía y disfrutáis de los entornos mágicos… ya os lo digo, preparad vuestra cámara y vuestros corazones!

Ruta Nacional 40

El día amaneció nublado y húmedo, cubriendo de niebla los bosques y humedales de la ruta. Convirtiendo el paisaje en un escenario aún más épico, repleto de misterio. Mi própia película había empezado…

LA PLAYA. Las mejores aventuras són aquellas dónde uno se adentra en lo desconocido, en la mayoría de las veces, sin saber lo que el destino le va a deparar…

Éste fué el caso de mi parada espontánea en una playita oculta tras una propiedad privada a orillas del lago Correntoso, por supuesto tras ser perseguido por tres perros, como es habitual y charlar un rato con un buen hombre que, muy amablemente, me permitió el acceso a traves de su finca, para poder saborear mi café en éste maravilloso oasis.

Lago Correntoso
Lago Falkner

En fín, una experiéncia inolvidable rodeado de paisajes de ensueño… El camino sigue, continuamos rumbo norte con más ganas que nunca! En breve nuevas aventuras, histórias y por supuesto… Fotos!

120 dias… Bienvenidos!

Hoy hace exactamente 4 meses que empezó mi periplo por Sudamérica. Tal día como hoy aterrizaba en la ciudad más austral del globo, Ushuaia.

Junto a una enorme caja de cartón con mi bicicleta, una bolsa de mano y todas las ganas posibles de arrancar mi tan ansiado sueño, era el momento. No habia vuelta atrás. Era hora de salir a viajar por el mundo.

Tras darle más de mil vueltas acerca de cómo poder compartir mis vivencias con todos vosotros, más de 2000 kilómetros pedaleados en 120 dias de aventuras y atravesar la Patagonia entre Argentina y Chile rumbo norte, estamos de celebración…

Bienvenidos al Blog!